EL ESPIRITU DEL CONQUISTADOR

Yo os he dado como había prometido a Moisés,
todo lugar que pise la planta de vuestro pie. Josué 1:3

Introducción
El libro de Josué (cuyo nombre significa "Dios es salvación) está lleno de lecciones prácticas, de conceptos que son un desafío y que nos ayudan a entender los principios de una vida guiada por el Espíritu. Lo que pasó el pueblo de Israel en sus experiencias históricas se convierte en los ejemplos o metáforas que podemos aplicar a las batallas espirituales en este peregrinaje espiritual en que nos encontramos. Estas experiencias tienen una aplicación exacta y apropiada para nosotros.

Josué es uno de los dos libros del Antiguo Testamento que todo cristiano debería escudriñar porque nos ayuda a los cristianos a soportar el primer impacto total de la batalla del mundo, la carne y el demonio. Si siente usted la fuerza de los poderes que se oponen, si el tremendo y sutil engaño de los principados y potestades han caído sobre usted, de manera que siente que vive en conflicto (Ef. 6:12) el mensaje en el libro de Josué es importante para usted.


1. Decisión, Conquista y Perseverancia
El libro de Josué se divide en tres importantes secciones. Los capítulos del uno al cuatro tienen que ver con el momento en que el pueblo entra en la tierra y todo lo que eso representa. Si en este momento está usted luchando con el problema de cómo conseguir una vida de victoria en Cristo, cómo salir del desierto de la duda, de ese vagar inquieto y de la mera subsistencia para obtener toda la bendición de una experiencia guiada por el Espíritu, entonces esta es la sección que debería interesarle, aquella en la que se nos habla del momento en que Israel llega a la tierra, del desierto a Canaán.

Los capítulos cinco al veintiuno abarcan la conquista de Israel de la tierra por medio de una serie de batallas y conflictos con los que se encontraron al llegar a la tierra prometida. Los capítulos veintidós a veinticuatro, incluyendo muchos pasajes de labios del propio Josué, exponen los riesgos y peligros en la tierra contra los cuales nos debemos de proteger a fin de permanecer en una situación de victoria, que representa la tierra. La tierra de Canaán es una figura, de la vida llena del Espíritu, la vida que Dios desea para todo cristiano.


2. La Plenitud del Espíritu, necesaria para conquistar y vivir en la herencia
Comenzando por el capítulo uno nos encontramos con una figura muy descriptiva de la vida abundante en el espíritu. Pero nos encontramos con una tierra en la que se plantea al mismo tiempo el conflicto y la victoria: "Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida. Como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni te desampararé." (1:5)

Una de las primeras cosas que aprendemos al encontrarnos en la situación en la que vivimos en el Espíritu es que, a pesar de que nos encontramos con conflictos, cada conflicto puede convertirse en una victoria y no tenemos necesidad de vivir derrotados.


3. La presencia de Dios garantiza la conquista
El secreto de vivir en la tierra incluye tanto una promesa como una presencia, un corazón obediente y un espíritu de poder. Dios dijo: "Esfuérzate y sé valiente, porque tú harás que este pueblo tome posesión de la tierra que juré a sus padres que les daría. Solamente esfuérzate y sé muy valiente...

Va a requerir valor porque no se puede ir de un lado a otro, sin ningún propósito, entre la multitud. Es preciso que camine usted contra corriente. "para cuidar de cumplir toda la ley que mi siervo Moisés te mandó. No te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que tengas éxito en todo lo que emprendas. Nunca se aparte de tu boca este libro de la Ley; más bien, medita en él de día y de noche, para que guardes y cumplas todo lo que está escrito en él. Así tendrás éxito y todo te saldrá bien. (1:6-8)

¡He ahí la grandeza del libro de Josué! ¡Ahí tenemos la promesa! La palabra escrita debe de ser nuestra continua meditación, que nos ha sido mandada, y debemos de estudiarla a fin de "conocer la verdad y la verdad os hará libres. (Juan 8:32) "¿No te he mandado que te esfuerces y seas valiente? No temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo dondequiera que vayas. (1:9) Y contamos con la presencia del Espíritu Santo que nos acompaña porque un corazón obediente da como resultado un espíritu de poder. Así es la vida en la tierra."


4. La presencia de Dios derrota al enemigo antes de la batalla
En el capítulo dos nos encontramos con la asombrosa e intrigante historia de Rahab y los espías que fueron enviados por el pueblo de Israel. Cuando estos espías llegaron a la casa de Rahab, ella les escondió debajo de unos manojos de lino que tenía ordenados sobre la azotea secándose. Mientras los hombres de la ciudad les estaban buscando, ellos se enteraron de un secreto sorprendente de labios de Rahab:

"Sé que Jehová os ha dado esta tierra, porque el miedo a vosotros ha caído sobre nosotros. Todos los habitantes de esta tierra se han desmoralizado a causa de vosotros. Porque hemos oído que Jehová hizo que las aguas del Mar Rojo se secaran delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos al otro lado del Jordán: a Sejón y a Og, a los cuales habéis destruido por completo. Al oír esto, nuestro corazón desfalleció. No ha quedado más aliento en ninguno a causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra." (2:9-11)

¿Cuánto tiempo antes de que entrasen los espías en esta ciudad habían tenido lugar estos acontecimientos? Cuarenta años. En otras palabras, durante cuarenta años los habitantes de Jericó habían sido un enemigo derrotado y sus corazones habían estado desfallecidos, quedando derrotados mucho antes de que los ejércitos ni siquiera se les acercasen. Israel podría haber entrado en cualquier momento y se pudo haber apoderado de la tierra. ¿Cuánto tiempo lleva usted esperando para entrar y librarse de un enemigo derrotado en su vida?


5. Nuestras decisiones se basan en el poder de Dios
A continuación leemos acerca de los espías: "Caminando ellos, llegaron a la región montañosa y estuvieron allí tres días, hasta que los que los perseguían regresaron. Quienes los perseguían los buscaron por todo el camino, pero no los hallaron. Después los dos hombres se volvieron, descendieron de la región montañosa y cruzaron el Jordán. Fueron a Josué hijo de Nun y le contaron todas las cosas que les habían acontecido. Ellos dijeron a Josué: --¡Jehová ha entregado toda la tierra en nuestras manos! Todos los habitantes de esta tierra tiemblan ante nosotros." (2:22-24)

Después de tres días regresaron contando esta historia. Fíjese en los primeros versículos del capítulo tres. En el tercer día "muy de mañana se prepararon para entrar en la tierra. Esto nos recuerda que la resurrección tuvo lugar el tercer día, por la mañana muy temprano. Podemos entender que fue mediante el poder de la resurrección que podemos entrar y poseer nuestra Canaán espiritual, siendo esto una figura de Cristo obrando por medio de nosotros y a través de nosotros para concedernos la victoria sobre todas las derrotas, los impedimentos y todo lo que obstaculiza nuestra vida.


6. Las decisiones producen cambios
Sin embargo, entre los israelitas y la tierra de Canaán, seguía fluyendo el Río Jordán. El cruce del Jordán parecido al cruce del Mar Rojo. Esto es figura de morir al pasado. Cualquier hombre que se aventure a atravesar el Mar Rojo sin que se hubiesen separado sus aguas hubiera perecido, de manera que el hecho de atravesar las aguas es una figura de morir a la vida antigua.

Pero también el cruzar el Mar Rojo es una figura de la muerte de Cristo a nuestro favor, al separarnos del mundo con todas sus actitudes, sus costumbres y opiniones. En otras palabras, cuando usted se hizo cristiano, cambiaron sus ideas y su sentido de los valores. Su bautismo fue una expresión del hecho de que estaba pasando de una vida a otra y de que había cambiado totalmente su actitud.

Pero el Jordán es una figura de tu muerte en Cristo, cuando deja de confiar en sí mismo, cuando no se deja guiar por su propio plan, de tomar sus propias decisiones y de fijar sus propias metas, descubres que no puedes tener la vida de Cristo siguiendo tu propio plan. Uno cruza el Jordán de la misma manera que cruzó el Mar Rojo: "Y Jehová dijo a Josué: --Desde este día comenzaré a engrandecerte ante los ojos de todo Israel, para que sepan que como estuve con Moisés, así estaré contigo." (3:7)

Por medio de la fe, eso es todo. Mediante la obediencia y por la fe. Dios le está diciendo a Josué: "De la misma manera que guié a Moisés para que Israel pudiese cruzar el Mar Rojo, te guiaré a ti para que Israel pueda ahora atravesar el Jordán. ¡Del mismo modo! Experimenta usted la vida de Cristo por cada momento de vida de la misma manera que hizo usted suya la muerte de Cristo por sus pecados. La fe que le sacó a usted de Egipto es la misma que le lleva a la tierra. Como escribió Pablo: "Por lo tanto, de la manera que recibisteis a Cristo Jesús, el Señor, así andad en él. (Col. 2:6)


7. La obediencia facilita vencer los obstáculos
¿Era más difícil para Israel cruzar el Río Jordán de lo que lo fue cruzar el Mar Rojo? No, sencillamente pasaron, las aguas se retiraron hacia los lados y atravesaron por el centro. Lo mismo, sin problemas y, como ve, no hay nada de diferente en lo que se refiere a entrar en la tierra. Es sencillamente creer que Dios está en usted y que lo que ha dicho acerca de usted es verdad, que él ha roto los lazos que le unían a usted a su antigua vida (usted estuvo de acuerdo en ello) y le ha dado una nueva base que funcionará. Usted debe creerlo y salir sobre esa base, diciendo: "gracias Señor por estar en mi para hacer a través de mi todo lo que es preciso que haga y así es como entra usted en la tierra.


8. Hacer memoria de las obras del Señor
En el capítulo cuatro leemos acerca de dos recordatorios que fueron establecidos por Israel. Uno de ellos eran doce piedras, colocadas a la orilla del río de manera que fuese un constante recordatorio para ellos del principio de la fe, a la que habían retornado después de años de haber estado vagando por el desierto. Creo que este recordatorio es representativo de la Santa Cena del Señor, que es un continuo recordatorio del principio de vida por el que nos regimos.

El otro era una serie de doce rocas colocadas en el centro del río, que debían de ser colocadas donde estuvieron los sacerdotes mientras pasó todo el pueblo de Israel para llegar al otro lado. Las piedras habían sido colocadas antes de que las aguas regresasen a su lugar. Esta es una figura de cómo Jesucristo ha permanecido en el lugar de la muerte lo suficiente como para que cada uno de los aspectos de nuestra vida dejen de estar controlados por el yo para estarlo por Cristo.

En el capítulo cinco nos encontramos con la segunda sección de la conquista de la tierra. ¡Qué relato tan impresionante! Al pensar los israelitas en entrar y apoderarse de la tierra, contemplaron la gran ciudad de Jericó con sus enormes murallas. Si bien Jericó era el primer obstáculo visible en su camino, no fue lo primero con lo que se tuvo que enfrentar Israel. Primero había algo que tenían que hacer y estaba relacionado con sus propias vidas. Dios no empieza nunca su conquista con el problema exterior. Descubriremos que nosotros somos el primer problema.


9. Condiciones para empezar la conquista
Había tres cosas que era preciso que hiciese el pueblo de Israel antes de poder destruir al enemigo que estaba en la tierra de Canaán.

En primer lugar, tenían que ser circuncidados porque toda la generación que había sido circuncidada en Egipto había muerto en el desierto y toda una generación se había criado sin haber sido circuncidada, de modo que al entrar en la tierra, lo primero fue circuncidarles. Como sabemos, por lo que nos dice el Nuevo Testamento, la circuncisión es una imagen de un corazón entregado, es decir, un corazón que ha dejado de confiar en la carne, que se ha separado, es un corazón circuncidado. (Rom. 2:29)

La segunda cosa que necesitaban hacer era celebrar la Pascua por primera vez desde que habían dejado atrás el desierto. La Pascua es un recordatorio de la noche en que el Señor y el ángel de la muerte pasaron sobre las casas de los israelitas en Egipto, porque estaban protegidos por la sangre del cordero. Además es una figura del corazón agradecido, que recuerda el día de su liberación cuando Cristo se convirtió en el sacrificio de la Pascua por nosotros. Después de la celebración de la Pascua les fue dado un nuevo alimento. El maná que les había sustentado en el desierto dejó de aparecer el día en que entraron en la tierra y comenzaron a alimentarse de comida abundante.

Lo tercero, el plan de la batalla. La conquista empezó por fin, Josué tuvo que planear la estrategia necesaria para apoderarse de la ciudad de Jericó. Imagino que debió de sentirse muy perplejo y confuso. ¿Cómo se las iba a arreglar para apoderarse de aquella enorme ciudad amurallada con ese "ejército de personas que no habían sido nunca entrenadas para la batalla? Al contemplar la ciudad bajo la luz de la luna, vio a un hombre con su espada desenvainada y le preguntó: "¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos? El le respondió: --No, yo soy el jefe del Ejército de Jehová, que ha venido ahora. (Jos. 5:14) Es decir, "no he venido para ponerme de parte de nadie, pero sí he venido para tomar el control. No es tu labor el planear la estrategia de la batalla, esa es mi tarea. He puesto la ciudad de Jericó en tus manos. Entonces este hombre le presentó a Josué el plan de batalla más asombroso que jamás se ha trazado. Lo que tenía que hacer era conseguir sencillamente que el pueblo marchase alrededor de la ciudad una vez al día durante seis día y en el séptimo, siete veces y luego tenían que tocar prolongadamente los cuernos de carnero y las murallas se derrumbarían. Eso era todo.


10. Tres obstáculos
De igual manera que había tres cosas que tenían que hacer antes de prepararse para la batalla, aquí encontramos tres obstáculos principales que tenían que vencer antes de apoderarse de la tierra. Esto es una imagen de tres clases de problemas con los que nos enfrentamos al caminar en la vida cristiana.

A. LO APARENTEMENTE DIFICIL DE VENCER
El primero de ellos es Jericó, con murallas de unos 100 metros de grosor y 20 metros de altura, una inmensa fortaleza, un desafío externo, un obstáculo aparentemente insuperable. Todo ello representa los problemas, que con más frecuencia empiezan al principio de nuestra experiencia al andar en el Espíritu, cuando nos enfrentamos con algo que durante años nos ha dejado desconcertados y se ha burlado de nosotros. Tal vez sea una costumbre o vicio que hemos tenido durante mucho tiempo y que nunca hemos podido vencer. Posiblemente sea alguna circunstancia que vivimos, que es una constante amenaza para nuestra vida espiritual y nada de lo que hagamos parece cambiarla. Puede que sea alguna situación en la que nos encontramos, alguien con quien tenemos que trabajar o algún problema que a nosotros nos parece insuperable.

Hay algo realmente sorprendente acerca de esta clase de problema. Cuando seguimos la estrategia esbozada aquí, sencillamente caminar alrededor de ellos, exhibiendo el arca de Dios (la presencia de Dios) mientras gritamos y tocamos las trompetas como señal de triunfo, las murallas se derrumban. Cuando hay un cambio total de actitud hacia un problema de esta naturaleza, el problema desaparece. El problema no es el obstáculo invisible, sino la actitud que tenemos sobre él y tan pronto como cambia nuestra actitud, el problema desaparece.

Pero Dios hizo que Israel marchase durante siete días enteros. ¿Por qué durante tanto tiempo? Porque ese fue el tiempo que les llevó cambiar de actitud con respecto a Jericó. Durante todo el tiempo habían estado pensando: "¡qué lugar tan grande. ¿Cómo podremos conseguir apoderarnos de él? Es una fortaleza insuperable. Día tras día, mientras marchaban alrededor de aquella ciudad, tuvieron tiempo de pensar que Dios estaba entre ellos, en el poder que había manifestado y en lo que él podía hacer. La actitud de ellos fue cambiando gradualmente, de modo que al séptimo día gritaron triunfantes y las murallas se derrumbaron. El momento en que obedecieron no resultó nada difícil.


B. LOS PROBLEMAS INTERNOS
El segundo obstáculo con el que se encontraron en su camino fue la pequeña ciudad de Hai. Pero primero tenemos la historia del pecado cometido por Acán, que codiciaba algo que estaba prohibido. Se apoderó de ello y lo escondió y cuando fueron en contra de Hai, Israel fue completamente derrotada. Josué cayó sobre su rostro ante el Señor y dijo: "¡Ay, Señor Jehová! ¿Por qué hicistes...esto? (Josué 7:7) Dios le respondió: "Josué, deja de inclinarte y no me vengas ahora con oraciones. Hay pecado en el campamento, ve y descúbrelo. Finalmente, después de haber buscado en todas las filas de Israel, llegaron hasta Acán y su familia y éste confesó.

Por lo tanto, Hai es una preciosa figura para nosotros de esos problemas interiores que surgen por causa de nuestras propias lujurias y ante aquello que Dios dice que no podemos y no debemos tener. Representamos el papel de hipócritas y luego descubrimos que somos presa de cada fuerza malvada que aparece en nuestro camino y no tenemos el poder para soportarlo. Experimentamos el fracaso y la derrota igual que le sucedió a Israel, pero el momento en que confesaron el pecado, fueron hasta Hai y dejó de ser un problema. Fue una batalla, pero no un problema. Por medio de ello, obtuvieron la victoria sobre el problema de la carne.


C. LOS ENGAÑOS DE SATANAS
Las dos batallas de Gabaón y Bet-jorón comprenden la tercera figura de los ataques especiales de Satanás sobre el creyente. Gabaón es la historia de un engaño. Los gabaonitas se pusieron vestiduras viejas, cogieron pan seco y mohoso y odres de vino viejo y cabalgaron sobre asnos costales viejos para encontrarse con Josué. (Jos. 9:3ff). Cuando Josué se los encontró les preguntó "¿de dónde sois? "Bueno le contestaron, "somos de un país lejano. Hemos oído hablar acerca de las grandes proezas de Israel y hemos venido para hacer un tratado con vosotros. Josué dijo: "Cómo sé que sois lo que afirmáis ser? a lo que le contestaron: "Bueno, mira. Aquí están nuestras provisiones. Sacamos este pan fresco del horno cuando salimos y mira lo seco y mohoso que está. Y nuestras vestiduras, lo raídas y andrajosas que están. Hemos venido de tal lejos que nuestros asnos están agotados. Josué les creyó e hizo un pacto con ellos. ¡Cuando hubieron firmado el tratado, Israel se dirigió hacia la cima de la colina y allá abajo estaba Gabaón! Se habían visto atrapados y engañados por el ángel de la luz, habían sido presa de una decepción satánica que parecía ser correcta, buena y digna de confianza, pero no lo era. Tuvieron que actuar conforme a su tratado y no hacerles nada a los gabaonitas y como resultado, los gabaonitas se convirtieron en su aguijón en el costado durante el resto de la historia de Israel. Esa es la historia de Gabaón, el ángel de luz.

A continuación tenemos el relato de Bet-jorón, cuando todos los reyes de los cananitas se unieron y cayeron como una tremenda liga de naciones en contra de Josué. Fue una gran batalla y a pesar de que sobrepasaban grandemente en número a Israel, Dios concedió la victoria de una manera asombrosa, haciendo que el sol se detuviese en su curso, haciendo de ese modo que el día de la batalla durase hasta que consiguiesen la victoria, el largo día de Josué.

Esta es la figura de lo que sucede cuando el demonio viene como león rugiente en el momento de producirse una catástrofe sobrecogedora que parece destrozarnos, conmocionar nuestra fe y nos hace exclamar: "Dios mío, ¿qué es lo que me está pasando? Y parece que se nos hunde el mundo bajo los pies por causa de algo espantoso, que nos hace titubear, pero Josué se mantuvo incólume en su fe, dependiendo de Dios para que realizase un milagro y Dios lo hizo. Se nos dice que "el justo no será removido jamás. (Prov. 10:30) Por eso es por lo que Pablo nos dice en Efesios que cuando el enemigo se presenta de este modo, debemos de mantener la calma, eso es todo, dependiendo de las promesas de Dios y el enemigo será derrotado. (Efes. 6:13)


11. Confrontación y Consagración
Por fin Josué se presentó ante el pueblo con un importante mensaje, desafiándoles a que caminasen ante el Señor su Dios diciendo: "escogéos hoy a quién sirváis. (24:15) Está diciendo: "creéis que podéis seguir manteniendo una postura neutral entre seguir al demonio y seguir al Señor, pero no lo podéis hacer. Es exactamente lo que dijo Jesús: "no se puede servir a dos señores. (Mat. 6:24) Es preciso servir o a Dios o a Satanás, no se puede servir a los dos y no es posible adoptar una postura intermedia. Esta es la respuesta de Israel:

"Entonces el pueblo respondió diciendo: --¡Lejos esté de nosotros el abandonar a Jehová para servir a otros dioses! Porque Jehová, nuestro Dios, es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud. Delante de nuestros ojos él ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado en todo el camino por donde hemos andado y en todos los pueblos por los cuales hemos pasado. Jehová ha arrojado de delante de nosotros a todos los pueblos, y a los amorreos que habitaban en el país. Nosotros también serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios."

¡Qué palabras tan valientes! "Entonces Josué le dijo al pueblo: "No podéis servir a Jehová." (v. 19) No podéis hacerlo. El gran peligro en todo lo relacionado con la fe cristiana es la falsa confianza. Puede usted decir: "Pues yo puedo hacer lo que Dios quiere. Cuento con lo que se requiere porque, después de todo, conozco las Escrituras. Me he criado en la iglesia apropiada y, sin duda, puedo andar en fidelidad y honestidad delante de Dios. No me habléis de apostasia, de derrota, de que me haya enfriado espiritualmente, puedo servir al Señor. Josué dijo, sin embargo: "no podéis servir a Dios.

La gran lección de la vida espiritual es que no tiene usted la fortaleza en sí mismo como para mantenerse firme, por mucho tiempo que lleve caminando ante Dios. No puede usted tener ni un momento de fortaleza para arreglárselas solo porque su fortaleza se basa en la debilidad y en su sentido de dependencia. Su sentido de su constante necesidad de la fortaleza de Dios es la única cosa que le puede hacer que se mantenga usted firme. Josué, que era un anciano muy sabio, dijo: "No podéis servir a Jehová, porque él es un Dios santo y un Dios celoso. El no soportará vuestras rebeliones ni vuestros pecados. Si vosotros dejáis a Jehová y servís a dioses extraños, él se volverá y os castigará y os exterminará después de haberos hecho bien." (24:19, 20) "Entonces el pueblo dijo a Josué: --¡No, sino que a Jehová serviremos!" No sabes de qué estás hablando, Josué, vamos a servir al Señor. Por eso es por lo que el próximo libro, el de los Jueces, el libro acerca de la derrota.


LA PROSPERIDAD BIBLICA

No hace mucho tiempo, todos los medios masivos de comunicación se explayaron en el asalto de una banda de guerrilleros a una embajada ubicada en una capital latinoamericana, mientras lo más selecto de la sociedad de ese país se había reunido para celebrar una fiesta suntuosa, a pocas cuadras de gente sumamente necesitada. ¿Qué de raro tiene, entonces, que en algunos de estos países haya movimientos guerrilleros? No los justificamos, ni estaremos jamás de acuerdo con sus métodos, pero tenemos que reconocer que cuando hay presión, por alguna parte se produce la explosión.

En épocas pasadas la humanidad vivía con la mente puesta en otras cosas.

Para los egipcios lo importante era la vida después de la muerte, la perdurabilidad y la eternidad. Lo demuestran su religión y los monumentos que nos han dejado.

Para los griegos era encontrar la verdad por medio del razonamiento humano, y lograr la máxima belleza y el máximo equilibrio en sus edificios y sus estatuas.

Para los cristianos de la Edad Media, la gran preocupación era la salvación del alma y evitar que ésta cayera en las llamas eternas del infierno.

Para el hombre de nuestros días, en cambio, la gran preocupación, la dominante, la que excluye todas las demás, es la economía. Hay que ganar dinero, en las mayores cantidades posibles, en el menor tiempo posible, y sin preocuparse mucho por la manera como se lo logra.

Las profecías de las Sagradas Escrituras, que se refieren a la época en que estamos viviendo y la describen admirablemente, son las del Apocalipsis. Este notable libro de la Biblia le da el nombre de Babilonia a esta civilización nuestra, que nosotros pomposamente denominamos "civilización grecoromano cristiana", y proclama su caída y su desaparición. Precisamente, la característica que destaca de esta civilización es la económica. Las Sagradas Escrituras nos dicen:

"Los frutos codiciados por tu alma se apartaron de ti, y todas las cosas exquisitas y espléndidas te han faltado, y nunca más las hallarás. Los mercaderes de estas cosas, que se han enriquecido a costa de ella (de Babilonia) se pararán lejos por el temor de su tormento, llorando y lamentando... Porque en una hora han sido consumidas tantas riquezas" (Apocalipsis 18:14, 15, 17).

Apocalipsis sigue describiéndonos el clamor y el llanto, no sólo de los mercaderes, a consecuencia de la caída de esta civilización, sino de los otros eslabones de la cadena económica: primero aparecen los gobernantes, los políticos; a continuación los comerciantes que ya mencionamos y, por último, las empresas del transporte.

Por un tiempo, Europa, aparentemente luchaba por preservar sus valores culturales: literatura, filosofía, arte --música, pintura, escultura, arquitectura--, pero últimamente ese continente también ha caído en la civilización del consumismo, y todos esos otros valores se han eclipsado ante el resplandor aparentemente inigualable del comercio, del dinero. Y hay otro problema: la explotación del hombre por el hombre, causante de situaciones de injusticia social. En efecto, el apóstol Santiago lanza la siguiente proclama:

"¡Vamos ahora, ricos! Llorad aullando por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros. He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos" (Santiago 5:1-4).

El Señor nos dice aquí, por medio de su apóstol que, en primer lugar, esta proclama está dirigida a los ricos que "han acumulado tesoros para los días postreros". Estos "días postreros" son los actuales, los que estamos viviendo, los últimos días de la historia de este mundo. Y los ricos insensibles de este mundo son tan ciegos, que no se dan cuenta de que muy pronto sus riquezas no les servirán de nada. Serán como si se la hubiera comido la polilla o como si se hubieran descompuesto; se enmohecerán, y les producirán un remordimiento tan intenso, como si sus cuerpos fueran consumidos por el fuego.

En segundo lugar esas riquezas han sido el resultado de explotar a sus trabajadores, apropiándose de parte del salario que justamente merecían. Esto es, precisamente, la explotación del hombre por el hombre. Por eso, esta proclama del Altísimo, cuando cambia de destinatario y se dirige a los estafados y explotados, no les recomienda que se organicen en bandas guerrilleras, ni que fabriquen explosivos para arrojárselos a los que acumularon riquezas mal habidas para los últimos días. Por medio del mismo apóstol, el Señor nos dice:

"Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. . . Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca" (Santiago 5:7, 8).

Ningún partido político de este mundo, por más populista que sea; ningún movimiento guerrillero, no importa de que signo sea, podrán solucionar este problema que es consecuencia directa de la condición pecaminosa del género humano. La única esperanza cierta es la venida del Señor. Cuando él regrese a esta tierra tal como lo prometió, "hará nuevas todas las cosas" y establecerá su justicia en el mundo. Entonces no habrá más explotadores, y se acabarán para siempre los explotados.


Los 6 Principios

Sin embargo, el mismo Señor que nos hace estas luminosas promesas, ha establecido un plan para que sus hijos, los seguidores de Jesucristo, podamos disfrutar aquí y ahora de una justa bonanza económica. El Señor tiene un plan para solucionar nuestros problemas financieros, que se funda en seis principios muy sencillos, bien prácticos y por cierto eficaces.

Primer Principio
¿Qué nos dice la Escritura? En la respuesta a esta pregunta encontramos el primer principio en que se basa el plan económico de Dios. Nos dice: "Porque mía (de Dios) es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados. . . Porque mío es el mundo y su plenitud" (Salmo 50:10, 12). Y añade: "De Jehová (del Señor) es la tierra y su plenitud" (Salmo 24:1). "Mía es la plata y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos" (Hageo 2:8).

La propiedad de todo, no sólo de los medios de producción y distribución, no es ni privada ni social: es de Dios. Si la humanidad a través de los siglos hubiera tenido en cuenta este principio, no habría habido tantas guerras ni tantos conflictos sociales. Los seres humanos somos sólo administradores de la propiedad de Dios. Este es el principio número uno del plan divino.

Segundo Principio
Y, ¿cuál es el segundo?: "Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová" (Levítico 27:30). Es perfectamente claro. Puesto que somos sólo mayordomos de los bienes que Dios en su gracia pone a nuestra disposición, debemos reconocer esa circunstancia devolviéndole de buen grado la décima parte de todo lo que ganamos.

La humanidad en general, salvo una minoría, no reconoce este principio. A ella el Señor le dice: "Vosotros me habéis robado. . . en vuestros diezmos y vuestras ofrendas". Esta sociedad le roba a Dios cuando se guarda los diezmos, creyendo que es dueña de todo.

Un vendedor de propiedades se casó con una ferviente cristiana, aunque él no lo era. Sus ventas comenzaron a declinar dramáticamente, y la crisis se prolongó. Parecía que le había caído una maldición. Desde un principio la señora lo instaba a apartar dinero para el diezmo, pero él se resistía; le parecía una insensatez. Cuando comenzó a transcurrir la sexta semana sin una sola venta, le dio a la señora cierta suma de dinero como diezmo.

Entre los terrenos que tenía para vender había uno al cual él mismo le daba el nombre de "el pozo", porque cada vez que llovía se llenaba de agua y parecía una laguna. Era un terreno ciertamente invendible. Pero después de devolver su primer diezmo llegó un señor que le compró "el pozo", ese terreno invendible, y le pagó lo que pidió... ¡en efectivo! . . . un billete encima del otro. Por supuesto, también devolvió el diezmo de esas ganancias, y de allí en adelante sus negocios comenzaron a andar muy bien.

¿Qué sucedió? Pues, el Dios del cielo, dueño de todo, cumplió en él la promesa que dice textualmente así: "Traed todos los diezmos al alfolí (a la tesorería del Señor) . . . y probadme ahora en esto. . . si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde" (Mal 3:10).

Tercer Principio
El tercer principio lo encontramos expresado en esta declaración: "Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre" (2 Corintios 9:7). El pecado ha hecho de nosotros seres egoístas. Nos gusta acumular; no dar. Pero cuando Jesús reina en nuestro corazón, nos damos cuenta que debemos ser altruistas, y comenzamos a dar en beneficio de nuestros semejantes parte de lo mucho que Dios nos confía para que lo administremos.

Cuarto Principio
El cuarto principio se refiere al hecho de que Dios, dueño de todo, cuando nosotros estábamos perdidos en delitos y pecados, nos dio el mayor don del universo y de la historia: nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros en la cruz del Calvario. Y si Dios con este don vació el cielo en nuestro beneficio, ¿cómo podríamos nosotros negarle algo? ¡Imposible!

Quinto Principio
El quinto principio es lo que podríamos llamar "la dadivosidad arriesgada". Cuando el Altísimo dio a Jesús en nuestro beneficio --y él se dio a sí mismo--, corrieron un riesgo enorme. Si nosotros damos, no lo menos que podemos, sino lo más, hasta el máximo de nuestras posibilidades, estaremos reflejando el carácter de nuestro Salvador.

Sexto Principio
Por último, el sexto principio divino para ordenar nuestras finanzas tiene que ver con el objeto de nuestros afectos. Si reconocemos que Dios es el dueño de todo, y que somos sólo administradores de su propiedad, y nos volvemos generosos y dadivosos, estaremos demostrando que nuestros afectos están en las cosas de Dios.

Que el Señor te bendiga al poner en práctica estos seis principios divinos

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LA CARCEL DE LA FALTA DE PERDON

“Entonces su consiervo, cayendo, le rogaba diciendo: "¡Ten paciencia conmigo, y yo te pagaré." Pero él no quiso, sino que fue y lo echó en la cárcel hasta que le pagara lo que le debía. Así que, cuando sus consiervos vieron lo que había sucedido, se entristecieron mucho; y fueron y declararon a su señor todo lo que había sucedido.

Entonces su señor le llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, así como también yo tuve misericordia de ti?" Y su señor, enojado, le entregó a los verdugos hasta que le pagara todo lo que le debía (Mateo 18:26-31)


¿Nuestro amor crece y se hace más tierno, más brillante, más visible? O, por el contrario, ¿se ha vuelto más discriminador, más calculador, menos disponible? Este es un hecho muy importante, pues nuestro cristianismo solamente es tan verdadero como lo sea nuestro amor.

Una de las áreas principales de la lucha espiritual está en la esfera de las relaciones. Una iglesia dividida contra sí misma no puede sostenerse. Una señal inequívoca de una iglesia corporativa, unida, vencedora, será su compromiso con el amor. Un descenso de nuestra capacidad de amar evidencia que en nosotros se ha desarrollado una fortaleza de amargura. Pero, debido a la creciente iniquidad en el fin de estos tiempos, el amor cristiano verdadero sufrirá muchos ataques graves.

Uno de ellos es la cárcel de la falta de perdón que representa la condición del ser humano que está sujeto a la culpa, la tribulación, la amargura, la ansiedad, la venganza por su incapacidad para perdonar y pedir perdón. Cuando una persona está en esta cárcel no tiene paz, gozo ni amor. Por tanto no puede crecer espiritualmente y ser bendición a los demás.

La Escritura nos muestra cómo conservar la calidad del amor en nuestro corazón, y es a través del perdón: debemos perdonar a quienes nos han hecho tropezar y pedir perdón a quienes hayamos ofendido. Quizás no nos guste lo que alguien nos haya hecho, pero no tenemos opción distinta a amarlo. Quizás tengamos vergüenza de pedir perdón, pero debemos arreglar todas nuestras cuentas. El amor es nuestra única alternativa.


La falta de perdón

No hay unidad espiritual ni una victoria duradera sin amor. El amor es una pasión por la unidad del Espíritu. La amargura, por el contrario, se caracteriza por una notoria falta de amor. Este amor frío es una fortaleza satánica. La falta de perdón cierra el poder de la oración e incapacita e impide el flujo de la sanidad y del crecimiento de la iglesia. De hecho, donde haya una falta de perdón persistente y endurecida en una persona o en una iglesia, el mundo demoníaco (conocido en Mateo 18:34 como los “atormentadores”) tiene acceso sin obstáculos de ninguna clase.


Las Escrituras advierten que en la vida de una persona puede saltar hasta una raíz pequeña de amargura y muchos pueden resultar contaminados (Hebreos 12:15). La amargura es una venganza que no se ha cumplido. Es inevitable que, en un mundo de crecientes asperezas y de crueldad cada vez mayor, a veces seamos heridos. Pero si fallamos en reaccionar con amor y perdón, si guardamos en nuestro espíritu la deuda que el ofensor nos debe, esa ofensa robará de nuestro corazón la capacidad de amar. Imperceptiblemente vendremos a convertirnos en cristianos cuyo “amor se ha enfriado”.


Amor sin compromiso no es Amor

Esto debe quedar perfectamente claro: no hay amor sin compromiso. Cuán a menudo se oye a la gente que dice: “amé a alguien en alguna ocasión, pero eso me trabajo muchas heridas”. O, “me comprometí con el servicio cristiano, pero abusaron de mí”.

Y de esta manera la gente se retira del compromiso sin darse cuenta que su amor se está enfriando. Puede inclusive que no parezca que se hayan enfriado, aún van a la iglesia, leen la Biblia, diezman, cantan y parecen como cualquier cristiano, pero dentro de sí se han vuelto distantes y se apartan de otras personas.

Se han retirado del amor de Dios, no se dan cuenta que su incapacidad para perdonar y pedir perdón los ha llevado a una cárcel de amargura, soledad, culpa, falta de paz y gozo. Cada vez que nos negamos a perdonar o a cubrir (sanando y restaurando) una debilidad en otros, nuestro corazón se endurece, no solamente hacia ellos, sino también hacia Dios.

Aún podemos decir que todavía estamos abiertos a Dios, pero las Escrituras son muy claras “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios, a quien no ha visto?” (1 Juan 4:20).

¿Qué significa aquí el término amor a Dios? Primero que todo, se supone que si amamos a Dios, estamos dispuesto a hacer todo lo que él nos pide, a cualquier precio, queremos decir con esto que por amor, nos negamos a nosotros mismos para agradar a Dios, que podemos servirle sin condiciones.

Pero el Señor dice “lo que haces a estos pequeños, a mí lo haces” (Mateo 10:42), quiere decir que cuando “eso que decimos” que estamos dispuestos a hacer para Dios, no lo hacemos a nuestro prójimo, entonces la Escritura nos llama “mentirosos”. En este sentido el amor debe ser persistente, abierto, afectuoso, sensible. Con el término amor se indica una compasión que está llena de poder mediante la fe para ver que lo mejor de Dios obra en aquel a quien amamos. Cuando tenemos amor por alguien, hemos decidido que vamos a permanecer con él sin tener en cuenta lo que vaya a suceder de ahí en adelante.

Necesitamos vencer nuestra actitud respecto del compromiso a perdonar y pedir perdón, pues nadie alcanzará la plenitud del reino de Dios en la tierra sin estar comprometido con gente imperfecta a lo largo del camino.


La Sanidad

“y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas... Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:30-31)

Nuestro amor a los otros debe ser como nuestro amor a Dios. Entre más amamos incondicionalmente a Dios, más debemos amar incondicionalmente a otras personas. Recordemos que la victoria del amor es ver la unidad del cuerpo de Cristo tal como se debe revelar.

Seremos desafiados en esto, pero si perseveramos, descubriremos las alturas y las profundidades, la longitud y la anchura del amor de Cristo. Y cada uno de nosotros, llegaremos a ser un cuerpo lleno e inundado con Dios mismo.

Por eso debemos ser libres de la cárcel de la falta de perdón. Para tratar con esto, debemos arrepentirnos de nuestra actitud y perdonar a quien nos haya herido. Si no perdonamos a alguien que nos ofendió en esa relación hemos fallado a la prueba.

En verdad necesitamos agradecer a Dios el habernos perdonados nuestros pecados, porque allí recibimos la gracia y el amor para perdonar a los demás. Perdonar te da la oportunidad de crecer en el amor divino. Gracias al perdón, la amargura y el resentimiento no devoran toda nuestra vida. Millones de almas mueren y llegan al juicio eterno cada día, sin la posibilidad de conocer cómo escapar de la amargura; pero Dios nos ha dado la respuesta para nuestro dolor. Dios nos da un camino por delante: el perdón

A medida que abrazamos el amor de Dios y comenzamos a caminar en el perdón, en realidad derribamos la fortaleza de amargura y la manifestación del amor frío en nuestro corazón. Somos liberados de la cárcel y tenemos libertad para andar en gozo, paz y amor.

Evaluemos nuestro corazón: ¿Hemos tropezado debido a la debilidad de alguien o por el pecado de alguien últimamente? ¿Nos hemos echado para atrás y hemos continuado amando, como lo hacíamos antes, o esa caída nos ha hecho retirar y no mostramos amor como una vez lo hicimos?

“Y cuando os pongáis de pie para orar, si tenéis algo contra alguien, perdonadle, para que vuestro Padre que está en los cielos también os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.” (Marcos 11:25-26)







SANIDAD DEL ALMA EN LA FAMILIA


Malaquías 4:5, 6.
"He aquí yo envío al profeta Elías antes de que venga el día de Jehovah, grande y temible. El hará volver el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de
los hijos a los padres; no sea que venga yo y golpee la tierra con destrucción."

1.- Paternidad. y sacerdocio

Deuteronomio 6:4 - 6.
"Escucha, Israel: Jehovah nuestro Dios, Jehovah uno es. Y amarás a Jehovah tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. "Estas palabras que yo te mando estarán en tu corazón. Las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas sentado en casa o andando por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Las atarás a tu mano como señal, y estarán como frontales entre tus ojos. Las escribirás en los postes de tu casa y en las puertas de tus ciudades.

Dios ha dado autoridad inherente a todos los padres desde el momento que le conceden hijos, porque los hijos son herencia de Jehová. Jesús en cierta ocasión dijo: Mat 23:9 Y no llaméis a nadie vuestro Padre en la tierra, porque vuestro Padre que está en los cielos es uno solo. Y después de esta palabra ¿Cómo entender el 5to. Mandamiento que dice: Honra a tu padre y a tu madre?, esto quiere decir que la paternidad es una autoridad dada por Dios.

Los padres no han cumplido la función que Dios ha delegado para criar a los hijos que El entregó a los padres en la tierra.

2.- Cobertura

1 Corintios 11:3, 4.
Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo hombre, y el hombre es la cabeza de la mujer, y Dios es la cabeza de Cristo. Todo hombre que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza.

La Cobertura es una protección espiritual que Dios concede a todos los que están en autoridad, y esto trae beneficios a aquellos que se someten al canal de bendición que Dios a establecido en el orden divino que vemos en el texto anterior.

a) Esposa.
Tiene un beneficio importante en su vida cuando se somete a su marido, por que en Génesis 3:16 A la mujer dijo: --Aumentaré mucho tu sufrimiento en el embarazo; con dolor darás a luz a los hijos. Tu deseo te llevará a tu marido, y él se enseñoreará de ti. Aquí dice el Señor que el varón es señor de su casa, es como un rey, no es rey, es como... un rey. Y cuando uno está en el orden de Dios la cobertura actúa sobre ella, y cuando dice "tu deseo te llevará a tu marido" quiere decir lo mismo que dice el Señor a su iglesia: "Todo lo que pidieres al padre en mi nombre el lo dará", así todo lo que la mujer pide sometida a su marido, Dios le concederá, por eso es importante que haya armonía y paz en el hogar. Busque siempre la paz y reconciliación por medio del perdón.

b) Hijos.
Por la cobertura paterna reciben protección espiritual, tanto como física, pero es importante saber que la protección también es espiritual, contra demonios, cuando el padre sabe de donde viene su autoridad, entonces hay bendición en su casa, y los hijos son beneficiados. Lo que los hijos esperan recibir de los padres, es el carácter de Dios, o sea el amor, el afecto, la estima, la aceptación, la disciplina, la felicitación, etc.

Algunos hijos han sido maldecidos por sus propios padres, sin que ellos lo sepan, cuando son llevados por sus pasiones humanas. Así ataron con espíritus a sus hijos y en vez de prosperar los desgraciaron con su propia boca. Por eso el apóstol Pablo, Pedro y otros, dicen bendecid y no maldigáis.

3.- Poder de la Palabra.

Génesis 9:24 - 27.
Cuando Noé se despertó de su embriaguez y se enteró de lo que le había hecho su hijo menor, dijo: "Maldito sea Canaán. Sea el siervo de los siervos de sus hermanos."
Dijo además: "Bendito sea Jehovah, el Dios de Sem, y sea Canaán su siervo.
Engrandezca Dios a Jafet y habite en las tiendas de Sem, y sea Canaán su siervo."

Como dijimos en el punto anterior, las palabras de nuestra boca pueden producir salud o enfermedad, vida o muerte. Prov 18:21 La muerte y la vida están en el poder de la lengua, y los que gustan usarla comerán de su fruto.

4.- La sanidad del perdón

Génesis 50:15 - 21.
Y viendo los hermanos de José que su padre había muerto, dijeron: --Quizás José nos tenga rencor y nos devuelva todo el mal que le ocasionamos. Y enviaron a decir a José: --Tu padre nos mandó antes de su muerte que te dijéramos: "Así diréis a José: 'Por favor, perdona la maldad de tus hermanos y su pecado, porque te trataron mal.'" Por eso, te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. José lloró mientras le hablaban. Entonces lloraron también sus hermanos, y postrándose delante de él le dijeron: --Aquí nos tienes como siervos tuyos. Pero José les respondió: --No temáis. ¿Estoy yo acaso en el lugar de Dios? Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo encaminó para bien, para hacer lo que vemos hoy: mantener con vida a un pueblo numeroso. Ahora pues, no tengáis miedo. Yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así les confortó y les habló al corazón.

El don más grande que vino del cielo es el perdón, y lo trajo en su persona nuestro Señor Jesucristo. El dijo que no ha venido por los sanos sino por los enfermos, no por los justos sino por los pecadores; y perdón funciona para estos dos problemas en el alma del hombre. Jesús sana y salva. Si Ud. quiere sanar su familia, aprenda a perdonar, y habrá salud alrededor suyo.